Por Adriano LH

A los 73 años de edad, el Doctor Pedro Cahn (Buenos Aires, 1947) combina en sus palabras la precisión académica y la sencillez cotidiana, expresándose sin vacilaciones ni muletillas.

Especializado en infectología, es uno de los impulsores de la Fundación Huésped e ícono de los tratamientos del VIH/SIDA en Argentina, cuando en 1982 se detectaron los primeros casos.

Antes, el 5 de junio de 1981, la comunidad científica había dado a conocer oficialmente el parte médico de cinco pacientes que contrajeron neumonía, dos de los cuales fallecieron. Todos ellos, se afirmaba, eran homosexuales activos que fueron atendidos en hospitales de Los Ángeles, California.

Sin embargo, el origen de la enfermedad sigue siendo un misterio. Diversos estudios postulan que pudo haber surgido a principios del siglo XX en África Central y que se pasó de animales (chimpancés) al ser humano. Si bien hay estimaciones que hablan de algunas personas que se contagiaron del virus previamente, lo cierto es que su confirmación se da a partir de los damnificados en Estados Unidos de Norteamérica.

Los diarios de la época no tuvieron piedad al momento de la comunicación. Lejos de escatimar informaciones con rigurosidad, se encargaron de titular sus portadas o noticias con apelativos estigmatizantes. Rápidamente, se habló de la “peste rosa” y se insistía en que sus portadores eran homosexuales.

En ese contexto, un paciente argentino decidió volver al país proveniente del lugar en donde se habían dado a conocer los casos mencionados anteriormente. Al primero que consultó fue a Cahn, quien atendió su requerimiento y empezó a investigar para comprender de qué se trataba esa enfermedad que se expandía en varios sectores del planeta, sumando 80 millones de infectados desde su difusión y causando muertes que al día de hoy dan la cifra de aproximadamente 40 millones en total, según datos oficiales de la ONUSIDA.

Mientras las pruebas de laboratorio confirmaban que el virus se transmitía por relaciones sexuales (incluyendo vía anal u oral) sin protección, contacto con sangre infectada, utilización de agujas contaminadas y mediante la madre al niño en el parto o la lactancia, distintos avances de la medicina lograron controlarlo al punto que los tratamientos de la actualidad permiten a los afectados tener una expectativa de vida similar a quienes no son portadores. Las personas sin ninguna consulta o intervención médica logran resistir aproximadamente una década desde su contagio.

Pedro Cahn se puso al frente de esa lucha desde los inicios, visibilizando con criterio y sentido humano el dolor de las personas que, vulnerables ante una enfermedad capaz de hacer estragos, también merecen contención y cuidados intensivos. Cuenta con vergüenza la reprochable conducta de colegas que, al inicio, secuestraban las historias clínicas de los infectados para que no se los atendiera en los hospitales. ¿Uno de los argumentos? La indignación de tratar a homosexuales y adictos, siendo que los especialistas tenían hijos.

A través de los años se fue tomando más conciencia pero aún hoy no es suficiente. La persona con VIH/SIDA se enfrenta a la discriminación, con lo cual estar en el anonimato también es generador de otros males al bajarse las defensas de su organismo. En el peor de los casos, hay quienes se han suicidado al no poder convivir con tal realidad.

Todos esos miedos, preocupaciones y angustias, son muy bien retratadas por la película Philadelphia (EE.UU., 1993; dirigida por Jonathan Demme y protagonizada por Tom Hanks), sobre la historia de un abogado con VIH al que la firma para donde trabaja lo despide cuando toma conocimiento de su enfermedad, lo cual hace que decida llevar a juicio a sus empleadores, enfrentándose al abuso de poder y también a la mirada de una sociedad que lo juzga por homosexual.

A su vez, personalidades del arte y la cultura como el cantante inglés Freddie Mercury y el filósofo francés Michel Foucault, contrajeron el VIH y fallecieron a los pocos años, llevando a la esfera pública la peligrosidad del virus.

Para 1990, la ONU estableció que se deje de considerar a la homosexualidad como una patología psiquiátrica, decisión que seguramente estaba relacionada con generar empatía hacia las personas infectadas.

Cahn alerta sobre esta situación agregando datos y estadísticas para interpretar. Dice que al día de la fecha, el 17 % de las personas con VIH en Argentina no sabe su diagnóstico; e insta a que toda la ciudadanía, haya estado en riesgo o no, se haga el examen gratuito y confidencial para protegerse no sólo a sí misma sino también a sus parejas (estables o casuales).

Al tiempo en que la comunidad científica se ponía como meta el plan 90-90-90 (para fines de 2020, el objetivo era que el 90% de las personas infectadas conocieran su diagnóstico, el 90% estuviera en tratamiento, y el 90% con carga viral indetectable; todo lo cual haría tener controlado el virus para 2030), seguía aconteciendo la pandemia del Covid-19, que desde hace un año y medio ha paralizado al mundo.

No deja de resultar llamativo que, aún sin haberse confirmado ambos orígenes, sí está dentro de las posibilidades que deriven de las especies animales; con lo cual se impone la reflexión en torno al debate acerca del daño que la humanidad está causándose a sí misma en tanto invade y modifica los ecosistemas naturales.

De todos modos, crecen otros interrogantes paralelos, vinculados a los problemas ambientales y la superpoblación de las metrópolis. Si no se crean, respetan y cumplen planes a mediano y largo plazo, resultará más que probable la irrupción de nuevas amenazas para el conjunto de los seres vivos.

Foto: La Nación

FuenteAdriano LH
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