LLega la continuación de la historia del profesor de filosofía que generó un gran éxito, a través del servicio de streaming. El nuevo spin off de “Merlí”, pone el foco en uno de esos estudiantes: Pol Rubio, interpretado por Carlos Cuevas. Y esta vez es por fuera del universo Netflix, ya está disponible en la plataforma de Movistar Play. Cuando en 2015 se estrena la serie catalana de TV llamada Merlí, la filosofía atravesaba un delicado momento en los sistemas educativos oficiales del bachillerato español. Y hoy miles de seguidores alrededor del mundo, de alguna manera han traccionado para que esta historia tenga de alguna manera una continuidad.
En el momento que surge la serie, El País publicaba un artículo titulado “Platón, expulsado de la clase”. Alertaba sobre esta realidad: en un mundo occidental regido por el neoliberalismo, se privilegian materias productivas que sean funcionales al orden global; es decir, cercanas al sentido con el que surgieron las escuelas en el siglo XIX, modelo vigente hasta hoy. Ellas son espacios estratégicos o dispositivos creados para enseñar a obedecer y no a cuestionar.
El debate se volvió nacional cuando Eduardo Fernández Rubiño (estudiante de filosofía, activista y militante del partido de izquierda Podemos) reunió las inquietudes colectivas en una histórica disertación en el Parlamento: con claridad explicativa y capacidad de síntesis, expuso sus argumentos en defensa de una disciplina que con veinticinco siglos de historia, tiene la cualidad de transformar la sociedad e invertir la lógica del status quo, que se empeña en excluir, estigmatizar y empoderar a las minorías, erigidas como sectores dominantes capaces de reproducir desigualdades.
Entre otros asuntos, el joven destacó que la filosofía ha favorecido el desarrollo de la ciencia (que requiere de instancias reflexivas para evitar la autodestrucción de la humanidad), el cultivo de la imaginación y la posibilidad de integrar a los pueblos a través de vínculos de paz y ejercicios democráticos.
Tal crisis de la filosofía repercutió en otras regiones del planeta, especialmente en América Latina, como en el caso de Chile, que recientemente impulsó la campaña “Derecho a la Filosofía” –desde ámbitos educativos, culturales, sociales- como instancia de genuina resistencia.

Mientras tanto, el actor Francesc Orella comenzaba a darle vida al personaje de Merlí Bergeron, un profesor de Filosofía del bachillerato con rasgos bien característicos: no es una persona apuesta, está más cerca de la desgracia que de una existencia plena, la mujer lo abandonó, vive con la madre, tiene un hijo que no lo acepta y se encuentra sin trabajo.
Su historia cambia cuando es convocado por una escuela a la que desde sus aportes logra interpelar.
Merlí no da clases tradicionales de Filosofía sino que –más bien- filosofa junto a sus estudiantes: por cada episodio (que también es una clase distinta) presenta a un autor, da algunas líneas básicas de su pensamiento, y tan rápido como ello, todas las acciones, circunstancias y vaivenes, giran en torno a ese filósofo que conecta el saber propio de la disciplina con la vida cotidiana.
Durante los 40 episodios (13 para la primera y la segunda temporada; 14 para la última), Merlí sacude las estructuras de la educación formal, volviéndose un protagonista molesto, polémico, divertido, tierno y siempre inspirador.
Su figura evoca la manera de hacer filosofía que tenía Sócrates, alguien vinculado a los sectores populares, acusado falsamente de corromper a la juventud y dueño de una verborragia picante que ponía en jaque a la aristocracia.
Los alumnos de Merlí atraviesan problemáticas propias de la adolescencia: el amor, la sexualidad, la amistad, la muerte, la libertad, se presentan como tópicos que generan controversias, grietas y planteos de profunda índole.
Desde la fobia social que tiene un alumno por salir de su casa hasta una estudiante extranjera que llega al lugar pero que es madre soltera, pasando por visibilizar la identidad de género en una profesora trans, los excesos ante el abuso de sustancias y la pulsión de los bajos instintos de los participantes, la serie se encarga de reflejar las heridas y frustraciones que tienen las personas, pero lejos de victimizarlas ofrece alternativas para entender que –al fin y al cabo- se trata de la vida misma.
Luego de tres temporadas que empoderaron a la filosofía como disciplina –en muchos lugares, creció la matrícula de ingresantes de la carrera en la universidad, el fenómeno vuelve a la pantalla como Merlí Sapere Aude (“atrévete a pensar”), otra vez con la dirección de Héctor Lozano y teniendo presencia argentina (Azul Fernández) en el elenco.

Ahora, el protagonista es el joven Pol Rubio (Carlos Cuevas), acaso el discípulo más emblemático del maestro Bergeron. Ya no es el rebelde adolescente que rompía con las estructuras y desafiaba continuamente al poder. Deviene un estudiante universitario, con más responsabilidades y también asuntos por resolver. Cambia el contexto pero no la esencia.

Es importante señalar que la propuesta –tanto en su primera versión como en la actual que está comenzando- no es una serie estrictamente de filosofía sino que aborda problemáticas filosóficas como excusa para tratar otros asuntos, más del orden existencial y vincular.
Aún así, despierta curiosidades y alienta posibles vocaciones.

Bienvenidas estas iniciativas que –al margen de su potencial comercial- ayudan a difundir los alcances de un saber que en el universo de sociedades convulsionadas por conflictos políticos y sociales necesita reivindicar a la filosofía como un espacio creador de un horizonte de expectativas para una vida mejor.

Autor: AdrianoLH

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