Nuevamente una restauración de obra de arte es noticia, quizás con buenas intenciones pero con poca destreza. Las intervenciones inadecuadas sobre el patrimonio artístico son más frecuentes de lo que parece y provocan cambios irreversibles en algunas obras, como el que acaba de sufrir el rostro de La Inmaculada, un cuadro del pintor español Bartolomé Esteban Murillo, pintado en el siglo XVII. Así como en 2012 la imagen del Ecce Homo de Borja “restaurado” voluntariamente por una mujer llamada Cecilia Giménez se hizo viral, luego meme, sticker y todos los recursos de las redes sociales para reir de este trágico episodio para los coleccionistas. Con todo esto, quizás FACE APP se le ocurra hace el filtro cómo quedarías si te agarra un mal restaurador tu retrato pintado.

Todo comenzó cuando un coleccionista particular de Valencia encargó por unos 1.200 euros la limpieza del cuadro y otras piezas. Su sorpresa fue mayúscula cuando, al devolverle obra, vio que el rostro estaba completamente desfigurado y que, además, guardaba un inquietante parecido con el inclasificable Ecce Homo de Borja.

A raíz de lo ocurrido, la vicepresidenta de Relaciones Internas y coordinadora de la Asociación Profesional de conservadores Restauradores de España (ACRE), María Borja, señaló que sucesos como estos son “desgraciadamente mucho más normales que lo que se piensa”.

La copia, de principios del siglo pasado, tiene unas dimensiones de 120 cm por 80 cm, y forma parte de la colección familiar, que fue tasada sobre el año 2006 junto con otras piezas, entre las que figuran cuadros, vajillas, espejos, azulejos, muebles, armas y porcelanas.

Ha explicado que, debido al paso del tiempo y las mudanzas, el cuadro se había oscurecido por lo que encargaron a una persona que conocían “de toda la vida” porque había trabajado en los muebles de su familia que dorara el marco y realizara una limpieza.

“En un primer momento nos trae el marco dorado junto al cuadro con una primera imagen que no se parecía en nada a la original y niega totalmente que hubiera hecho algo, solo que el cuadro estaba sucio y que lo había limpiado, pero la cara está totalmente desfigurada” y con un parecido al Ecce Homo de Borja, relata el propietario.

“Restauración” del Ecce Homo, obra de Elías García Martínez (1858-1934), por Cecilia Giménez

Cuando el cliente pide explicaciones se produce “una segunda aproximación”. “Nos dijo que conocía a personas especialistas que se dedican a esto y se lo llevó por segunda vez y fue peor porque la imagen que nos ha planteado ni siquiera obedece al aspecto inicial que tiene el cuadro”.

Finalmente, decidieron prescindir de sus servicios “porque cada vez iba ser peor”. “Este señor como restaurador de muebles es muy bueno pero no como restaurador de pinturas, son cosas muy diferente”, apunta.

En este punto, el coleccionista aclara que durante años este hombre se había ocupado de muebles de su familia en su taller y los había entregado “perfecto, no había problema de ningún tipo”. “Y pensamos por extensión que el trabajo podría ser de la misma calidad”, como él le dijo. “No fue un intento de economizar”, recalca.

De hecho, continúa, fue él quien se ofreció a limpiarlo y trajo otro de los cuadros de su familia que, ahora han comprobado, que también tienen en la parte de detrás efectos “poco profesionales”. De hecho, en la copia de la Inmaculada, además de la desfiguración del rostro y las manos, aparecen unas aplicaciones en el anverso que pueden provocar tensiones en la obra.

El dueño confiesa que su sentimiento fue de “asombro” y pensó: “no puedo creer lo que estoy viendo porque se aprecia “claramente, tanto en la primera como en la segunda versión, que está repintado”.

Ahora, “la única solución es intentar quitar lo que han pintado” y con las técnicas y procedimientos adecuados y profesionales ver si queda algo debajo para actuar en consecuencia. “Pero ya pierde totalmente el sentido y el valor” de esta copia de principios de siglo 20. Es, además, una pérdida “sentimental”: “Es un cuadro de mi familia y te sientes fatal”, concluye.

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